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El tantra que nos vendió Instagram

Qué era, en qué se convirtió por acá, y por qué la palabra sigue sirviendo aunque esté gastada.

El tantra histórico no es un masaje con aceite en Palermo. Son siglos de prácticas, escuelas y discusiones. Occidente a veces lo resume en una estética: loto, dorado, energía sexual sagrada, una playlist de cuencos. Esa imagen es incompleta, pero la intuición que guarda —que el erotismo puede ser sagrado— sigue siendo útil.

Y aun así la palabra sirve, porque nombra algo que en castellano nos falta decir: que el erotismo no tiene que ser una performance ni una vergüenza. Usarla con honestidad significa contar lo que uno hace, con precio y con límites, y dejar espacio para el misterio sin inventar linajes.

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