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El silencio no es un examen

Por qué cuesta tanto no hablar. Vale para el masaje, el yoga, la terapia y la cama.

El silencio incomoda porque parece que alguien se va a aburrir de nosotras. Entonces narramos, agradecemos, preguntamos si está todo bien, aclaramos que normalmente no somos así. Es un reflejo viejo: llenar el aire para no molestar.

Un espacio de cuerpo no te está tomando un oral. Podés no decir nada durante una hora. Y si necesitás hablar, también está bien: no hay un puntaje de mística que se pierda por comentar que tenés frío.

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