El silencio incomoda porque parece que alguien se va a aburrir de nosotras. Entonces narramos, agradecemos, preguntamos si está todo bien, aclaramos que normalmente no somos así. Es un reflejo viejo: llenar el aire para no molestar.
Un espacio de cuerpo no te está tomando un oral. Podés no decir nada durante una hora. Y si necesitás hablar, también está bien: no hay un puntaje de mística que se pierda por comentar que tenés frío.
