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Buenos Aires no te deja bajar

La ciudad como sistema nervioso: la sirena, la vereda angosta, la cena a las once.

Buenos Aires es brillante y también es un estimulante. Sirenas, veredas angostas, la cena a las once, el café que no es un café sino una oficina con música alta. Si llegaste de afuera, la ciudad te enamora y no te deja aterrizar.

Si vivís acá, el cuerpo se acostumbró a un piso de alerta que ya no registra como alerta: es sólo cómo se siente estar despierta. Bajar no es traicionar a la ciudad ni volverse lenta. Es dejar de confundir el ritmo porteño con una virtud personal.

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